Armiche Padrón
Partido Comunista de Venezuela (PCV),
10-5-20.
En memoria de
Jerónimo Carrera y de los héroes soviéticos de la Guerra Patria, A.P.
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C. Armiche Padrón |
Hoy en día los
revisionistas no pueden dejar de confesar —con la cara entre las piernas, los
más decentes—, su incapacidad intelectual para superar la sucesión de burdos
argumentos emitidos por Bernstein en sus obras Problemas del Socialismo y en Socialismo
Teórico y Socialismo Práctico. Se puede, incluso, se debe reconocer el
ímpetu y el vigor de Adam Smith y su banda histórica (Keynes, Friedman…)
quienes desde la perspectiva liberal burguesa, se encargaron de recoger las
miserias de sus contradicciones y falsedades teóricas, pero lograron mantener
un sistema, a pesar de los embates del movimiento obrero revolucionario. Claro
está, jamás estos ideólogos burgueses plantearon la importancia del despojo que
sus referentes (USA, Inglaterra, Francia…) desataron sobre continentes enteros,
a fin de garantizarle, hoy, a sus economías, tan exquisitos niveles de
desarrollo.
Sin embargo, cuando
vemos a los revisionistas en todos los tiempos y modalidades, cojear de la pata
derecha o de la izquierda, incluso los trípedos, los resultados son mucho más
modestos cuando no ridículos. Desde los socialistas con rostro humano hasta los
capitalistas populares; desde los populistas rusos de fines del S.XIX hasta los
progres latinoamericanos del S.XXI, ninguna de sus experiencias ha logrado, no
ya emular las llamadas experiencias del socialismo real, sino que ni siquiera
han logrado confirmar sus vacuos y eclécticos “principios”.
Desde la búsqueda de
un “socialismo africano”, o “a la venezolana” (y no me refiero a Chávez sino a
Pettkof) hasta la búsqueda de un “socialismo democrático”, todas las
experiencias alternativas al marxismo-leninismo han sido un rotundo fracaso y
han colaborado en buena medida a ralentizar el avance del movimiento obrero y
popular.
La sobrevaloración
que se le hace desde el revisionismo a lo político y a la moral, y la
consiguiente subestimación a lo económico, es uno de los elementos diferenciadores
de estos contrabandistas quienes llenan sus proclamas con la superación del
marxismo, sin acertar, si quiera, a discutir elementos tan básicos como la
teoría del valor, el papel de la enajenación en la construcción del capitalismo
o el papel de la plusvalía en el desarrollo económico.
Desde Bernstein, los
revisionistas se empeñan, por ejemplo, en negar la tendencia estructural de
crecimiento de la miseria en el capitalismo, con lo cual, obvian, porque son
incapaces de refutar, de forma científica, la teoría del subconsumo y la teoría
de la acumulación de Marx. Por ello, sus propuestas relativizan el concepto de
miseria y plantean que la misma, es superable mediante la autorganización, la
valoración individual o el financiamiento por la vía de los microcréditos. Esta
situación, aparte de que tan solo refuerza la ideología del pequeño propietario
(aspiración máxima de los revisionistas), sucumbe ante las leyes inexorables
del capital, tan cruda e integralmente estudiadas por Marx.
Desde Bernstein, los
revisionistas poseen una línea discursiva, la cual se termina transformando en
ejercicio político de diversas formas, donde ellos representan la visión
constructiva, utopista, societaria, pacífica y evolucionista basada en una
mejor, más democrática y eficiente organización política y económica de la
sociedad. Esto a contrapelo de quienes poseen visiones destructivas,
conspiranóicas, demagógicas... y terroristas y que solo se basan en la
anarquía, la violencia y el autoritarismo por lo que solo construyen sociedades
ineficientes, violentas y retrógradas. Esta última visión, según los
revisionistas y haciendo comparsa a la burguesía, está representada por los
marxistas, muy especialmente por los marxistas-leninistas, al margen,
insistimos, en que entre sus experiencias y las de los marxistas-leninistas
no existen puntos de comparación, si a
resultados (económicos, sociales, culturales) nos vamos.
Veamos una extensa
cita de quien, tan solo por haber sido “amigo” de Engels pretendió reescribir y
reinterpretar toda la obra de Marx y Engels y superarla a la vez, el Sr.
Bernstein:
La noción de la dictadura del proletariado es hoy día a tal punto obsoleta que es necesario, para continuar usándola, desproveerla de todo significado original y darle no se sabe qué segundo sentido (…) la dictadura de clases es una idea que pertenece a una cultura ya muerta (…) es un sin sentido político creer que el paso de una sociedad capitalista a la socialista, necesariamente toma prestadas las formas de una época que ignoraba los métodos modernos de propaganda y no conocía ninguna de las instituciones de que se dispone actualmente para imponer una nueva legislación. (…) la socialdemocracia tiene que reconocer sus profundos vínculos con el liberalismo, ella es su hija más legítima.
Esta cita, que calca
el pensamiento revisionista, desde la última década del siglo XIX hasta nuestros
días, se trastornó años después con el triunfo e impresionante desarrollo de la
Revolución Bolchevique, seguida por China, Corea, Vietnam y Cuba; quienes lejos
de seguir las consejas modernizantes, evolucionistas, pacifistas y abstractas
de Bernstein, aplicaron de forma creativa, pero ajustadas a los principios, el
marxismo-leninismo. En esta cita se ven reflejados las “nuevas” experiencias
(Syriza, Podemos), las revoluciones variopintas y progresistas de América
Latina (desde Lula hasta Evo pasando por Chávez) en las cuales se insisten,
palabras más palabras menos, en los principios bernsteinianos.
Si al caso vamos,
sectores importantes del chavismo rompen fuentes cuando se plantea que en la
actualidad se vive la aplicación a fondo de un programa neoliberal, ante lo
cual gritan —desgarradoramente— que el neoliberalismo no plantea subsidios a
las masas, ni cajas CLAP, ni el desarrollo de un plan de construcción de
viviendas públicas como el desarrollado en nuestro país.
Necesario paréntesis, se debe para realzar, como de forma cierta, la ofensiva de como el Imperialismo viene
generando unas condiciones a las cuales debemos sumarle la no ordinaria crisis
petrolera y la pandemia actual, que afectan de manera importante, las
posibilidades de recrear una política económica que apunte más allá de un
mínimo crecimiento. En este paréntesis, también se rescata la pericia del
chavismo en el escenario concreto de la escena política y el manejo que posee
de lo político concreto, al haber calibrado correctamente el ethos
político del venezolano y emplearlo en función de sus necesidades. Ciertamente, en términos de ejercicio político, de motivación conductual de masas, incluso
en el manejo de las relaciones internacionales, el chavismo supera con creces a
experiencias revisionistas pasadas o que simultáneamente están en desarrollo.
Sin embargo, otro es
el cantar cuando de política económica se trata. La deliberada política de
liberalización de los bienes y servicios supera en éxito a las desarrolladas
por Reagan, Pinochet y Tatcher, en cuanto a liberación de precios, el aberrante beneficio de la burguesía
financiera y la contracción del valor de la fuerza de trabajo (salario). Ésto,
producto de políticas que privan la comercialización a la producción interna y
la inhumana contracción del salario, producto de una ineficiente y
antipatriótica política monetaria. Los números y sus efectos sociales son
elementos suficientes para verle las costuras neoliberales al gobierno
venezolano.
El chavismo, claro
está, se presenta con su especificidad: bolivariano, cristiano y con ciertos
matices marxistas, tal y como dijo el camarada Jerónimo Carrera hace unos
cuantos años y que tanto revuelo causó. Si asumimos estas tres vertientes, es
factible entender que el chavismo sería “hijo legítimo del liberalismo” (por lo
preponderante del bolivarianismo, nada socialista y sí muy liberal; no ya que
decir del cristianismo), con lo cual, podríamos entender el gran vacío que hay
entre un discurso que pretende socializar la riqueza y una práctica que se
niega a crearla, y a partir de la inexorable naturaleza del capital, termina
beneficiando a la burguesía y a sus operadores (rosados, blancos o amarillos).
La heterogeneidad del
chavismo, producto de su policlasismo tan orgullosamente blandido por sus
máximos representantes, discurre entre los representantes de la burguesía y
aquellos que, de forma natural, sienten un barco que deriva a estribor y que
por tanto, atenta contra sus intereses. Estos últimos, tragan seco las
justificaciones de una nomenclatura fija, inamovible y que circula en los
estantes del poder, con un legado de ineficiencia, y que pretende justificar
los retrocesos, los errores y desviaciones por razones externas al Partido, la
Revolución y la Patria, sin que medie un análisis autocrítico en el horrible
terraplén de una política económica que no avanza ni con viento a favor.
Mientras los sectores
más avanzados del chavismo, no entiendan que el punto de partida real se
encuentra en darle a la concepción general de la vida menos vertientes
metafísicas y más contenido científico, el rumbo del chavismo no será capaz de
superar el estrecho margen de una revolución democrático-burguesa, atada con un
enorme grillo a su cuello. Mientras el chavismo no entienda que el concepto
“pueblo” es etéreo (¿Mendoza no es parte de él?) y que sólo bajo la comprensión
de la lucha de clases se puede avanzar, el chavismo no podrá superar el amargo
derrotero de las traiciones y las experiencias (reiteradas) como las de los
“precios acordados” (y reacordados).
La gran pregunta es
¿será el chavismo capaz de deslastrarse del revisionismo con el cual nació?,
¿podrá el chavismo superar su condición pequeñoburguesa y asumirse como
ideología del proletariado? Por ahora, los signos son desalentadores. Por
ahora, vemos las experiencias pasadas de los revisionistas y no podemos esperar
mucho más de lo ya hemos visto. Sin embargo, el ser social determina su
conciencia y no a la inversa, y también se han visto experiencias donde el
proletariado despierta y se encuentra con su propia ideología y su propia razón
de ser, arma su propia alianza de clases subalternas y oprimidas y se lanza a
la conquista definitiva del Poder.
No hacen falta tres
patas para cambiar la historia, hace falta una concepción única, científica y
de clase para lograrlo.
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