Atilio Borón,
ÚN, 14-3-20
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| "Trumpillo" y su banda |
Una de las tesis centrales que desarrollé al publicar América Latina en la geopolítica del imperialismo sostenía que Estados Unidos había comenzado a declinar como superpotencia. Esta afirmación era respaldada por datos estadísticos, análisis cualitativos y estudios históricos así como por referencias a los trabajos de algunos estudiosos estadounidenses. La tesis declinista tropezó por mucho tiempo con la descalificación de los portavoces de lo políticamente correcto en las relaciones internacionales y en la academia. Trabajos posteriores de mi autoría profundizaron en esta línea de interpretación con nuevos datos que confirmaban que el diagnóstico de 2012 era más cierto que nunca en la actualidad.
Por eso no puedo menos que manifestar mi satisfacción ante la nota que Juan G. Tokatlian publicara el 12 de marzo en el diario Clarín (Trump, el -peligroso- declinista). Por su claridad y contundencia quiero recomendarla porque agrega elementos novedosos derivados de un análisis del momento actual de la administración Trump y los peligros que entraña para Latinoamérica y el Caribe y para toda la humanidad.
Allí hace un llamado a los gobernantes de nuestra América diciendo que “es tiempo de prudencia, paciencia y perspicacia de nuestros gobiernos”, lo cual es muy razonable. Nunca la imprudencia o la necedad fueron buenas consejeras para los gobernantes. Más controversial sin embargo es la frase con que cierra su escrito: “La provocación a Washington es hoy un acto de heroísmo pueril e insensato”. El problema de saber lo que es y lo que no es una provocación no es asunto de sencillo discernimiento cuando en la Casa Blanca hay un gobierno “prepotente y pendenciero” como el de Trump.
Cuando Israel bombardea escuelas y hospitales en Gaza tal cosa jamás es definida como un acto de provocación. En cambio, la profundización de las relaciones comerciales de los países latinoamericanos con Rusia y China se percibe como una flagrante provocación. El asesinato diario de líderes sociales en Colombia no inquieta a la Casa Blanca, pero la sobrevivencia de la Revolución Cubana o la permanencia en el poder de Nicolás Maduro constituyen intolerables provocaciones que son repelidas con guerras de quinta generación y crímenes de lesa humanidad. Por consiguiente, habrá que estar en guardia cuando Trump y sus compinches caractericen como una “provocación” las decisiones de los gobiernos que Washington considera como enemigos.

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